El Garbigune de Araso, un espacio de inspiración para artistas
Daniel Canogar y sus alumnos andan de caza. Han estado en solares abandonados, en zonas industriales, en desguaces y, aquí, en el Garbigune de Araso. Buscan inspiración, algún desecho, algún residuo que les sirva para transmitir sus inquietudes a través del arte, y ¡qué mejor para eso que el garbigune de Araso!
Como auténticos sabuesos había que verlos rebuscar dentro de los 16 contenedores de escombros, vidrio plano, escayola, madera, chatarra, voluminosos... Cualquier residuo podía servir: neumáticos destrozados, tablas de surf, esquís, trozos de metacrilato...u otros residuos que para la sorpresa de todos ellos no se encontraban en tan mal estado como para desprenderse de ellos. Tal y como nos comentaba Daniel Canogar “vivimos en una cultura que consume en exceso, en la que predomina el -usar y tirar-, y en la que los artistas sentimos que el arte es una herramienta muy interesante para hacer reflexiones sobre la sociedad en la que vivimos”.
El taller “Residuos” se ha ido desarrollando a lo largo de una semana, siendo los dos últimos días la “puesta de largo” para estos jóvenes artistas. Después de una semana de formación y de búsqueda, cada cual creó su obra de arte, trabajando el residuo desde el punto de vista del artista. Aquello que en el Garbigune no era más que un residuo, un trozo de metacrilato o una vieja estantería de hierro, cuyo destino era su recuperación y reciclaje, se convierte en una expresión artística; una manifestación plástica que abre mentalidades y mueve conciencias. Y es que “residuo” y “artista” forman en este tipo de actuaciones un binomio indisoluble; “el artista es un gran reutilizador, siempre lo ha sido, y siempre está escarbando entre los residuos y los escombros, es decir, entre lo que la sociedad de nuestro entorno de opulencia no quiere ver. El artista lo rescata, lo muestra y expresa con ello. En ese sentido, hay una especie de atracción natural entre el artista y los residuos”.
No cabe duda de que el arte tiene mucho que aportar al mundo de los residuos, en general, y al de la concienciación en particular. En este sentido, desde manifestaciones artísticas de inicios del siglo XX, el lenguaje plástico no busca sólo realizar un objeto bonito que se coloca en el salón o en un museo; es una herramienta que invita a reflexionar, y en ese sentido, es de agradecer que estos jóvenes artistas aporten sentido común, actualidad y frescura a conceptos que poco a poco se van introduciendo en las conciencias de todos, como la sostenibilidad, el consumo responsable, la prevención en la generación de residuos...

